Si bien se miraba, todo esto era maravilloso y formaba parte del cúmulo de maravillas que poco a poco se mostraban a quienes quisieran otear en profundidad el mundo latinoamericano, donde lo terrible de ciertas contingencias políticas, el horror de las dictaduras militares o civiles se inscribían en lo pasajero y transitorio de una historia turbulenta, en tanto que permanentes eran los portentos de lo circundante, de lo que era de la naturaleza, del ambiente, y de la esencia auténtica del Hombre nacido de los más vivificantes mestizajes que hubiesen consignado las crónicas del planeta.
Alejo Carpentier - La consagración de la primavera